Comparto con ustedes algunas memorias que conservo de la época del colegio, ese cobijo, esa casa, esos edificios que nos permitieron conocernos y compartir momentos que forman parte de una etapa de nuestras vidas. Cada una de ustedes tiene sus propias memorias, tanto porque nuestras experiencias allí fueron únicas o tanto porque nuestra permanencia en el colegio no fue la misma. Yo estuve toda la vida, si la vida es tomar conciencia y aceptar que estarías en ese paisaje hasta graduarte de bachiller, suena un poco exagerado, solo que cuando comencé el kinder entendí que ansiaba estar en un sitio para estudiar y no sabía mucho de líneas de tiempo.
Mi madre retrasó mi entrada un año, quería que esperara a mi hermano para que fuera su compañía, porque para esos tiempos en el colegio no aceptaban a ningún niño en el kinder que no tuviera los cuatro años de vida o al menos próximo a cumplirlos. Así que les digo, esto de la hermana mayor es asunto serio. Cuando entré al kinder sabía leer y escribir, el Silabario fue el libro preferido que me acompañó mientras se desarrollaba la espera, mi madre me enseñó a leer.
Mi hermano igual no pudo avanzar, se quedaba durmiendo en casa en el turno de la tarde, mi madre no le insistió y esa inasistencia continuada fue la justificación para que no aprobara el kinder, sí, a la madre no le tembló la voz para indicarle a mis padres que el número de ausencias que demostraba mi hermano a las actividades de la tarde fueron más que suficientes para decidir que tenía que repetir ese año escolar. Mi madre quiso enmendar el asunto del año sacrificado en vano, solicitándole a la religiosa que me eximiera del preparatorio, dado que estaba aventajada en el tema de la lectura y dominaba la escritura, pues no pudo ser, tenía muy mala letra, mi caligrafía no era buena a juicio de la madre religiosa, por lo que necesitaba de un año escolar más para enmendarlo, así fue, cursé el preparatorio con la madre Adelina.
Fui una niña muy activa, me gustaba correr, sudar y durante el recreo no escatimaba el tiempo para irme a los columpios o a la rueda, en esta última, en una oportunidad, al tratar de darle el impulso para luego subirme, perdí el equilibrio y caí, cometí el error de no soltarme y fui arrastrada por la fuerza que ejercían otros niños que andaban en la misma tarea que yo. Sufrí un raspón bastante profundo en la parte exterior de mi muslo derecho, tanto así que era imposible ponerme vestido alguno, short ni pensarlo, la herida tenía que estar aireada para que pudiera sanar, porque tuve una infección de cierta consideración. No podía ir al colegio. Así que dormía de un solo lado y con esa área totalmente descubierta, recuerdo que aprovechaba de acompañar en la cama de mis padres, el sueño continuado de mi hermana pequeña durante el día, que tenía pocos meses de nacida. Paciencia, quería ir a clases, no quedaba de otra.
La parte vieja del colegio que conocí me trae a la memoria un espacio de jardines y glorietas con un camino que llevaba a una pequeña capilla, de bancos de madera oscura así como su iluminación, la luz de la calle entraba cuando abrían los ventanales laterales. Al fondo recuerdo el mesón para oficiar la misa y un Cristo de cierto tamaño en la pared. Antes de entrar al recinto, todos debíamos introducir las manos en un pequeño reservorio de agua bendita que se encontraba adosado en la pared, y automáticamente persignarnos.
Caminar por esos espacios se hacía con cuidado porque extraviarse significaba entrar en los dominios de los aposentos privados de las religiosas y eso era tierra prohibida para quienes no pertenecieran de manera activa a la congregación, como lo eran las mismas religiosas así como las internas, sí, recuerdo que habían estudiantes internas.
También recuerdo el viejo anfiteatro, allí en una oportunidad actué como pastorcita en una obra de época navideña que recreaba el nacimiento de Jesús, recuerdo como si fuera ayer al arcángel caído en desgracia, interpretado por una chica rubia, muy delgada con cara ladina, quien durante su actuación se dejaba caer en su pies para luego yacer en el piso en toda su extensión. Ya no era ángel, había nacido Lucifer y su transformación para mí, con mis ojos de niña, fue asombrosa.
Ese anfiteatro tenía por supuesto un espacio frontal para el público, allí se colocaban sillas de metal para que padres, familiares y conocidos pudieran disfrutar de las actividades programadas, cuando no las había era el territorio para el desarrollo de las actividades de educación física o artísticas, allí podían llevarse a cabo ensayos de obras que las madres religiosas planificaban. Era un área que recuerdo grande en su longitud, solo que oscura, erigida dentro de los cánones de una arquitectura colonial pretérita, caracterizada por un patio central y los corredores laterales que contenían puertas que daban a otras áreas o salones. Era una niña, a mí todo eso me parecía inmenso.
Le tenía terror a la educación física que impartía la Madre Ángeles, Janet me la recordó en su nota de voz al llamarla Pianito. Era muy querida por los representantes, yo la recuerdo con amargura. Los ejercicios gimnásticos había que hacerlos a la perfección y yo no tenía el equilibrio necesario para hacer esa voltereta en el aire, solo hacía un remedo en mí misma que era un burdo movimiento de piernas, dónde caía torpemente con mi cuerpo hacia adelante. El uniforme de educación física de ese momento era un exabrupto, una camisa blanca con una falda color azul añil, de pliegues y que obligatoriamente debía llevar un short interno para que durante las piruetas no se te viera la ropa interior.
Una de mis pesadillas infantiles era olvidar el short, porque éramos un grupo mixto hasta segundo grado y en cada sesión cada uno de nosotros, debíamos pegar nuestra humanidad a la pared, con la cabeza abajo sostenidos por nuestros brazos y manos en el piso con las piernas extendidas, era la posición gimnasta llamada "la vela". La gravedad es lapidaria y la falda holgada iba para abajo, si no había short, todo era visible. En una ocasión fui todo visible desde mi interior y esta religiosa ni se inmutó, qué le iba a hacer, se me olvidó el fulano short, solo pude ver las caras de asombro, no quise fijar en mi memoria nada más. No recuerdo haber mencionado el asunto en casa. ¿Se imaginan un episodio como este en estos tiempos?
Coralia mencionó a la Señorita Teresita, una mujer delgada, elegante, con una cara terrible, no era fea, era intimidante, se peinaba con el pelo hacia atrás en una pequeña coleta que recogía sobre sí misma y adornaba con un lazo. Usaba pollina y su sobrina María Antonieta estudiaba conmigo, era una niña retraída, muy tímida, intimidada igualmente por la tía. Nada de la imagen dulce de la maestra que tiene toda la paciencia del mundo, no, esta humillaba y te tomaba del cabello por las sienes cuando no obedecías. Fue la maestra de primer grado y quién debió apoyarme ante el episodio del olvido del short. Nunca entendí porque se apreciaba tanto a la madre Ángeles.
La madre Carmelina fue la maestra de quinto grado, una mujer alta con la tez color arcilla, al menos así la recuerdo, ojos achinados y hablar agudo. Cuando estaba en cuarto grado, en el acto final del año escolar, nos permitieron ir con ropa de la calle, habría un pequeño compartir con pasapalos y bebidas. A mi mamá se le ocurrió vestirme con un conjunto de franela y short corto ¡herejía! En la misma fila de formación y subiendo las escaleras del edificio nuevo, desde abajo me reclamaba mi atuendo, que no tenía vergüenza, su cara estaba enrojecida de la indignación. Solo tenía 10 años.
La madre Cecilia, profesora de Historia, una mujer de semblante austero y muy severo, me asignó la responsabilidad de la Sociedad Bolivariana, tenía 11 años y no entendía mucho lo que eso significaba, solo que tenía que lograr que mis compañeras de aula, todos los meses donaran un mediecito (0,25 céntimos) para esta causa. Yo le entregaba el dinero recogido en un sobrecito blanco acompañado con el listado de contribuyentes. Ella me despachaba con una palmadita en el hombro ¡qué niña tan diligente y responsable!
Recuerdo con respeto a la madre Eulalia, mi padre participó durante muchos años como principal representante de la junta de padres del colegio y trabajó con ella muy de cerca. Lamenté cuando la transfirieron, las religiosas que llegaron para sucederle, no entendieron mucho de qué se trataba ese puesto o ¿me lo pareció a mí?
Janet ingresó, si mi memoria no está mal, en tercer grado al igual que María Eugenia Alvarado, llegaron cuando el año escolar ya había iniciado ¿fue así? Janet venía de Maracaibo y María Eugenia de México. A Coralia la conocí en quinto grado, siempre me pareció una chica que sabía mucho más que yo. ¿Recuerdas cuándo conversábamos de la novela "Pobre Diabla" y lo atractivo que era Arnaldo André? Mi papá no le gustaba que viera novelas, me escondía para hacerlo, en cierta forma, desde la distancia del tiempo le doy la razón, sin embargo, lo que se te niega, goza de un atractivo inexplicable.
Virginia llegó al colegio en segundo año de bachillerato, Angélica era su compañía más cercana, entablamos amistad muy rápidamente. Angélica la conozco de toda la vida. Por cierto, fuimos la promoción Bodas de Oro del colegio, no comprenderé nunca la nefasta decisión de la madre Josefa de enchavarnos esta celebración, fue toda arbitrariedad e intransigencia. Ya ni recuerdo los motivos. A las que habíamos estudiado toda la vida en el colegio nos citaron para una foto grupal con motivo de esos 50 años. Nos la tomó el profesor Gómez Durán. Nunca ví esa foto y me gustaría verla. Licia, nuestro contacto fue en bachillerato, la música nos unió, Queen fue la carta de presentación, cuántas veces fui a tu casa para estudiar, intercambiar discos, conversar de música y otros temas.
Dinora recuerdo haber ido a tu casa en la urbanización San Miguel, era la celebración de tu cumpleaños, estábamos muy pequeñas. También recuerdo en este momento tus palabras cuando exclamaste en tiempo reciente, que nuestra época del colegio fue un espacio limitado, no sabíamos que el mundo era tan grande y al menos yo entré en él con inusual asombro.
Cuando pregunté a mis padres porqué escogieron ese colegio para mi formación, la respuesta fue simple, al indagar cuál era el mejor instituto educativo para ese momento, sus indagaciones y referencias apuntaron allí. Mis padres venían de Valencia, no tenían trayectoria histórica familiar aquí.
Son muchos más recuerdos, episodios de esa época, solo coloqué algunos para trabajarles la memoria ¿qué recuerdan ustedes? ¿por qué sus padres las llevaron a estudiar allí?


Amiga que memorias del colegio más hermosas
ResponderBorrarBueno mi niñez giraba en torno a mi abuela y al placer que generaba en mí ver a la tía Cristina y a mi negra Andrea cocinar aquellos ricos dulces y bocadillos
Un día dijeron que estaba creciendo y era hora de entrar al colegio, nunca olvidaré a la madre Adelina en preparatorio, que sería el tercer nivel de ahora, jajajajaja hablo con mi madre porque no era normal que una niña de mi edad 6 años tuviera una imaginación capaz de recrear echaos inexistentes, así que creo que desde entonces el psicólogo paso a ser un miembro más de mi existencia.
Cuando pregunte por qué debía ir a ese colegio me dijeron
“ es el colegio que queda más cerca de la casa y punto”
Perdí la cuenta de cuantas veces me castigaron, pero la madre Mercedes era mi salvadora, comprar la prensa y colorear para ella era algo que me liberaba de todo aquello a lo que deseaba decir no y no podía
Me obligaron a repetir quinto grado es ahí cuando conozco a Solange y el resto
Cuando pregunte por qué debía repetir me dijeron que un 13;no era suficiente y que mi capacidad de aprendizaje era pobre, jajajajaja, desde ese entonces me juré que nunca compartiría lo mucho o poco que pudiera haber aprendido, me propuse ser parte de un todo, donde amigas muy inteligentes y brillantes, conjugaban perfectamente con las otras que tenían un poco más de dificultad..
Sol te abrazo fuerte, eres un ser brillante, gracias por cada línea disfrute cada línea leída de esta reflexión escolar
Para todas un abrazo
Gracias por tus memorias, las aprecio muchísimo, son recuerdos que nos unen porque este espacio es consecuencia de haber compartido en esa casa llamada "Nuestra Señora de la Consolación"
BorrarQuerida Solange, agradecida una vez mas por estar en mi vida, me encantó leer tu escrito tan lleno de recuerdos y emociones. Ciertamente ingresé al Colegio en segundo año, no recuerdo porqué mis padres lo seleccionaron en realidad!, lo cierto es que estudié primaria en el Colegio Calicanto y allí no había bachillerato, mi hermano mayor terminó el Colegio y yo continué estudiando mi sexto grado. Lo inscribieron para hacer su primer año de bachillerato, "creo" que era el Liceo Baralt, un liceo público que estaba cerca de nuestra casa en La Romana. En esa época, resultaba interesante estudiar en un liceo público, y creo que para mi hermano, eso lo seducía......, comenzó a estudiar alli y al poco tiempo se sintió intimidado por el ambiente que incluía protestas, relajo y caos. Cada vez que se suscitaba una situación que incitaba a esto, él se regresaba para la casa y así perdió el año. Recuerdo a mi papá conversando con nosotros, acordando que tanto mi hermano como yo, debíamos iniciar el primer año juntos, en un Colegio privado y así yo lo pudiese ayudar académicamente de ser el caso......, en ese entonces resultaba muy complejo, que un buen Colegio privado aceptara a un alumno repitiente de otro Colegio!.
ResponderBorrarDicho esto, ambos entramos a un liceo que estaba en la Av. Bolivar cerca del centro, llamado Bicentenario o algo así, de veras que la memoria no me asiste mucho......, el mismo era privado creo que recibía a todos lo repitientes de todos los colegios, lo cual fue realmente difícil para mi, mi hermano repitió con 3 materias solamente, y asistía nada mas a esas clases, por lo cual, yo prácticamente estaba sola todo el tiempo, a él tampoco le gustaba ese liceo.
Recuerdo haber tenido varios incidentes desagradables, yo tenía 11 años y era una bebecita prácticamente, mis compañeros de clase eran mucho mayores, para algunos era la segunda o tercera vez que repetían año, lo cual evidenciaba que estudiar no era su objetivo de vida. En medio de ese panorama, yo resultaba un blanco fácil entre comillas, para que estos especímenes hicieran sus travesuras....., y así apareció un compañero de clases que se convirtió en mi ángel guardián.
Mi hermano y yo logramos pasar esa cancha de obstáculos! y mi papá nos retiró de ese liceo. A mi me inscribieron en La Consolación y a mis dos hermanos, el mayor y el menor, en el liceo Los Próceres.
En este momento no recuerdo como conocí a Angélica, vivíamos en la misma Urbanización en la Romana, pero no sé si fue en el Colegio o si nos habíamos visto antes, en fin, ya le preguntaré a Angélica a ver si ella lo recuerda. Yo conocía a Vivian y a Rosadela Valladares, a Nadia y a Katty Gracia, a Glenda Ramírez y a Marisabel Gómez quienes estudiaron en el Calicanto también. Sin embargo, tal como relata Solange, hice grupo rápidamente con Angélica y luego con ella, así establecí amistad con Maria Eugenia Alvarado, con Marylin Barraza y con Janet Guevara. Tengo entre mis recuerdos que con ellas fue con quienes frecuentemente hacía equipo.
Recuerdo a la Madre Matilde, como una persona con carácter pero amorosa, a la Madre Teresa, recia, fuerte, inteligente, no muy cariñosa, pero a mi juicio justa. A la madre Ada, un amor de persona, y la que me marcó de manera desafortunada, la Madre Josefa, una mujer cruel a mi juicio, mala, interesada, trataba a las alumnas de acuerdo al interés que viera en ellas, por los padres que tenía, y lo que de ellos obtuviera. Me disculpan, si alguna tenía una conexión especial con ella.
Luego continuo este relato de mis paso por el Colegio, las quiero.